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Anorexia nerviosa

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa consiste en una pérdida voluntaria de peso y un intenso temor a engordar. Tienen sentimientos de desagrado con su propio cuerpo, problemas para reconocer la sensación de hambre y saciedad y pueden sentirse hinchadas o tener nauseas después de haber comido muy poco.  

Los principales síntomas de la anorexia son:

  • Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del mínimo normal para su estatura y edad, llegando en ocasiones a la delgadez extrema

  • Miedo intenso a engordar, incluso cuando el peso es muy bajo

  • Sensación de estar gordo/a, o de que algunas partes de su cuerpo están gordas (nalgas, muslos, abdomen...). Pueden estar realmente delgados/as y seguir viéndose gordos/as ante el espejo

  • Amenorrea (retirada de la menstruación)

  • Lanugo (aumento del vello)

  • Ejercicio físico excesivo

  • Conducta alimentaria extraña (comer de pie, cortar los alimentos en trozos pequeños, esparcirlos por el plato, revolver la comida o secarla para evitar la grasa)

  • Episodios de bulimia (comida compulsiva), provocación del vómito y uso de laxantes

  • Aumento de las horas dedicadas al estudio y disminución de las horas de sueño

Estos síntomas pueden producir en la persona una serie de consecuencias emocionales, físicas y de comportamiento: estado de ánimo depresivo, pérdida de pelo, piel seca, hipotensión, bradicardia, baja temperatura, deshidratación, aislamiento social, irritabilidad, relaciones familiares alteradas.


¿Cómo prevenir la anorexia y la bulimia?

Dado que este tipo de problemas se dan con más frecuencia en la adolescencia y la juventud, el papel de la familia es fundamental en la prevención, detección y tratamiento de la enfermedad.

No debemos limitarnos a observar los comportamientos de nuestros hijos ante la comida sino preocuparnos por los aspectos de su vida que pueden estar resultándoles difíciles. Es importante dejar que expresen sus sentimientos negativos, para que así no lo tengan que hacer por medio de la comida.

También tenemos que aprender a valorarnos por cualidades distintas al físico, como la empatía, generosidad, habilidades sociales y desarrollar un sentido crítico a los mensajes enviados por los medios de comunicación.



¿Cómo actuar una vez detectado el problema?

Si creemos que un hijo, un familiar o un amigo está padeciendo un trastorno de este tipo, lo mejor que podemos hacer es hablarlo directamente con él. Sería normal que a la persona afectada le costara hablar del tema, o incluso que llegue a negar su problema.

Por ello, debemos intentar ponernos en su lugar y tratar de entender cuáles son sus miedos y preocupaciones y nunca culparle por lo que le está ocurriendo. Intentaremos entonces convencerle de la conveniencia de acudir a un profesional que le ayudará a superar su enfermedad.

Si detectamos el trastorno en nosotros mismos, debemos buscar ayuda cuanto antes para evitar que los síntomas puedan cronificarse o generalizarse.

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